EsParaTraposdePapel

Historias basadas en hechos reales... e irreales.
Cualquier parecido con la realidad, es fruto de la ficción, de la fricción o de la mente mental.
Aquí , a veces, se rompe la netiqueta sobre la ironía, este blog no derrocha ironía... supura ironía.
El resto de reglas de netiqueta, valen.....de momento.
Y si no te gusta, no te nervies, que es para trapos de papel.

16 de marzo de 2011

Florence Nightingale: la malder de la vela. Parte I

De madar of de modarn narsin, ...vea el lector mi perfecto dominio del idioma de Chéspir.
Miss Nigthingale y su pañito bordao


Definitivamente, los padres de esta mujerica no eran originales: Andaban por Florencia, nació su hija, y le pusieron el nombre del lugar: Florence. Peor suerte corrió su hermana mayor; los papis, además de poco imaginativos y viajeros, sabían idiomas, así que, estando en Nápoles, nació la pequeña Parthenope, que todavía hoy no se lo ha perdonado: normal! ¿Quién quiere llamarse Parthenope? Me pregunto si los Sres Hilton, van en esa consonancia…¡ qué pena!
Florence de Nightingale: Siguiendo con el father, que era muy pijo, pero tenía un apellido “brusco”: Shore. Florence Shore, suena horrible: florenshooor (qué catetada! ...Parthenope Shore ni te cuento). Entonces, les pasó una de esas cosas que les sucede a los ricos: que heredó de un lejano tío soltero. Papá Shore, con muy buen criterio y mucho agradecimiento (y pensando en dejar a las niñas mejor colocadas) se cambió el apellido por el del difunto tío: Nightingale… más que nada, es que suena mucho mejor (el sentía que le debía algo a su primogénita).
Estaban tan volcados en los traumas de Mary Parthy, que no se dieron cuenta de los pequeños vicios de Florence: ¡le gustaban las mates!!
En aquella época, en esa sociedad, esto no estaba bien visto. Las mujeres, bailaban fino, cosían bordaditos (con esmero: el esmero no debe faltar) y se casaban y tenían pequeños bebés, a los que hacían más bordaditos y les ponían nombres de sitios por los que viajaban… suerte que los tiempos cambiaron..bueno, está Paris, Dakota,... pero todavía no existe un Lardero, una Nájera (imaginen una cría que se llame Viniegra López...)
Mientras se debanaban los sesos porque MaryParty no les perdonaba, Florens sumaba, hacía porcentajes, se abandonaba a la lujuria de la trigonometría y a la perdición de las proporciones y tasas. Cuando sus amiguitas jugaban con sus agujitas de ganchillo, Florence dibujaba diagramas, histogramas y todo lo que terminara en grama. Estaba retando a sus padres. Hoy en día, cualquiera ve aquí un complejo de esos de ir al psicoterapéuta, pero entonces, era un drama familiar y social. Lucharon enormemente para que bailara, pero nada: ella quería seguir enganchándose a eso de las matemáticas, ¡qué le vamos a hacer! Los padres pagan por los pecados de sus hijos, y esta era una revolucionaria.
La bronca familiar más gorda, fue el día que les dijo a sus padres que quería ser enfermera. En esa época, las enfermeras éramos burdas, de clase baja, de moral distraída y dadas a la bebida (no hago comentarios, tranquis…): es desde entonces que se acuñó el denigrante refrán (muy usado por los ingenieros técnicos): “no acabarás la carrera, sin tirarte a una enfermera”, que todo tiene su por qué, queridos lectores.
Ellos, de alta cuna y mejor clase, con una hija traumatizada por un pequeño desliz urbano y otra “cuasi meretriz”. La madre al borde del colapso, el padre enfurecido y dió un puñetazo en la mesa.
Tal fue el golpe, que salieron volando el único paño bordado (por Florence) y un candil que iluminaba la estancia. Como Florence era tan viva, hizo un cálculo rápido del arco que describieron los objetos, pegó un salto, y cayó el paño sobre su cabeza y el candil se incrustó en su mano. Y de repente, sonaron arpas celestiales y recibió su primera señal: sería la dama del candil. Más que nada, porque en aquellos tiempos, los cirujanos no eran muy duchos y tenía pánico a la amputación… y el paño, es que le quedaba mono encima de la cabeza.
la famosa lámpara, con Florence detrás
A todas partes iba con su candil, ya no se sabía quién llevaba a quien. Hay una corriente de pensamiento, entre las que me incluyo, que creemos que en realidad quien cortaba el bacalao era el candil, y que Missis Nightingale era su portadora. En realidad, era la pequeña lamparita la responsable de toda esa teoría de la enfermería, de la higiene de los hospitales, el entorno  y todo eso: nadie con un trapo en la cabeza, puede elaborar una teoría. Y mucho menos erigirse como la madre de la enfermería moderna, donde todas somos mucho menos barraganas, mucho menos borrachas y mucho más finústicas.






(fin de la primera parte)