EsParaTraposdePapel

Historias basadas en hechos reales... e irreales.
Cualquier parecido con la realidad, es fruto de la ficción, de la fricción o de la mente mental.
Aquí , a veces, se rompe la netiqueta sobre la ironía, este blog no derrocha ironía... supura ironía.
El resto de reglas de netiqueta, valen.....de momento.
Y si no te gusta, no te nervies, que es para trapos de papel.

24 de agosto de 2011

Estragos bajo el sol

Ayer fué uno de esos días, en los que piensas que todo marcha como has previsto. Estás en casa, haciendo cosillas, trajinado de allá para acá, los niños jugando y haciendo manuladidades.... ¡opla! ¡Ahí le has dao! Pero ayer, a mí, se me escapó esa alerta...
Había hecho la comida -de la cual queda constancia, porque Ángel me grabó todo el proceso con su cámara, por cierto, que piensa mandarla a los canales de la tele para hacer un programa de cocina, y sacar él dinero para comprarse una casa y un garaje... yo cocinaré la comida, papá la cena, y él nos grabará.... bueno, que como se cansa, dejará la cámara sobre la mesa que grabe sola, luego él bailará un espectáculo- había hecho la comida, decía, ya habíamos terminado el espectáculo, y estaba yá comiendo, pensando en cómo me había cundido la mañana, que sólo me faltaba ducharme e ir al curro, cuando....
"- MAMAAAAA, TIENES QUE VER LO QUE HA HECHO INÉS CON LAS TIJERAS"- barrító Angel en mi oído.
"- Nooooo, mamáaaaa, no vengaaaaassssss"- susurró con voz queda Inés desde el fondo de su cuevita (su dormitorio).
Aquí ya, mi experiencia maternal, se funden con el hecho lógico y un incipiente sentimiento de pavor y alarma; tiré el tenedor sobre la mesa de la cocina y en dos zancadas me planté frente a Inés.
La pequeña estaba acurrucada en medio de su cuarto, arrebatadoramente linda, pero en la mirada había sorpresa y algo de culpa. Con sus manitas tapaba con una sabanita una caja de cartón. Pensé : "qué mona! jugando a las muñecas!", a la vez, percibí que la carita estaba más despejada de lo normal, y le formulé la típica pregunta: "cariño ¿qué estás haciendo?", "nada", respondió rápida en un hilo de voz, con los labios fruncidos,.... ya la alarma mental resonaba con fuerza en mis sienes.
Entonces ví que la sabanita no tenía muñeco debajo... "cariño, levanta la sabanita", musité conteniendo el aliento,.... y mi princesita obediente, con los ojitos de carnero degollado, la levantó........
Ahí estaban,los ricitos yacían recostados en esa camita de cartón, un poco más allá, la tijera permanecía cruelmente abandonada sobre el suelo: ya había terminado su trabajo.
Mi princesa, al verme el gesto impactado, comenzó a gimplar, y llorando me dijo: "es que tenía calor"...
Acto seguido, se desataron una serie de acontecimientos lógicos: niña al baño para valorar estado de la cabellera, madre que reconoce su incapacidad para arreglar eso, llamada telefónica a peluquería, llamada telefónica a compañera de trabajo, a la vez viste niña, viste madre e instrucciones verbales a Ángel, a la par que le sirves un plato de arroz (que todavía no se cómo no le serví un plato de bragas de niña y le puse el arroz a Inés en el culo, del estrés que tenía). Baja escaleras al galope y vete a la peluquería a "desfacer el entuerto".
El entuerto se desfizo, nuestro queridísimo Juanjo (mi princesa de mayor quiere ser ayudante suya, cuando no pueda explorar o hacer de bombera), le arregó la cabecita y ahora luce un gracioso corte que realza su belleza.
Creo que tiene claro dos cosas: que las tijeras sirven para cortar papeles que se puedan cortar y que su pelo sólo lo corta Juanjo.
Saludos agostados, amigos!!!
aquí, las pruebas...