EsParaTraposdePapel

Historias basadas en hechos reales... e irreales.
Cualquier parecido con la realidad, es fruto de la ficción, de la fricción o de la mente mental.
Aquí , a veces, se rompe la netiqueta sobre la ironía, este blog no derrocha ironía... supura ironía.
El resto de reglas de netiqueta, valen.....de momento.
Y si no te gusta, no te nervies, que es para trapos de papel.

26 de agosto de 2010

Anecdotario del consultorio: Mari Chaperones

  Era una asfixiante tarde de agosto, en una pequeña consulta de enfermería de un centro de salud, de una pequeña capital de una provincia pequeña.
  Había terminado ya de atender a todos mis pacientes y estaba recogiendo papeles, ordenando clips, rompiendo dibujitos... en fin, todas estas cosas imprescindibles y gratificantes que hacen que tu trabajo sea único e inconmensurable.
Definiendo escuetamente el contexto en el que estaba: Agostante calma chicha.
  Desde el marco de la puerta asoma un cuerpín casi sensual, por dar cierto interés al tema. Era una mujer, con un moldeado estático (de esos que duran un mes, bajo cualquier circunstancia). Sombra de ojos rosita, pintura de labios rojita, que como quien no quiere la cosa, se ha extendido sinuosamente hacia los dos incisivos superiores, quedando ahí bellamente alojado: Picasso en estado puro.... o Almodovar en estado ambiguo, sírvase el amable lector. Blusa blanca con bordado en crema junto a los botones, abiertos lo suficiente como para dejar ver una medalla de oro (del bueno, por favor) con el nombre de su costilla. Falda color crema, con vuelito abajo, que marca sus generosas caderas y no deja ver las rodillas... no podía ser de otro modo: Estéticamente, es una paciente tipo "todoensusitio" o "modosita" .
  Si hay entre los lectores, algún servidor del Estado, o que trabajen de cara al público, probablemente, conozcan bien a este tipo de sujetas (triste y usualmente, son del género femenino). Los que todavía no las tengan identificadas,  ¡mucho cuidado!: con una probabilidad del 99%, le van a romper los esquemas, al menos una vez por cada cuarto de hora. De nada vale poner cara de poker, o jugar mientras tanto al solitario, o atender una llamada ficticia. Desde el mismo momento que deja caer su sombra de ojos sobre alguien, instantáneamente, sin saberlo, ni usted, ni siquiera ella, se convierte en presa de sus devaneos mentales y orales (de orar/hablar).
  Su discurso u oratoria (de hablar) es como una retahíla. Es el manido "blablabla" que si no se invierten muchas neuronas se convierte en mantra turbador, que con la chicharrina que hacía ayer, podía llevarme a un estado de semicoma o letargo irreversible.

Así que, rompiendo con lo que hubiera sido más inteligente (darle voleta sin escucharla, "modelo de atención autómata"), intenté hacer una "escucha activa" e incluso osé empatizar con ella, craso error!
Transcribo pues la retahíla oral (verbal) de la "tipa", que comenzó, como dije ates, en el quicio de mi puerta, se acercó hasta apoltronarse en una de las sillas de la consulta y concluyó en el ascensor hasta donde conseguí trasladarla:
  "Buenas tardes, ayyy!, ¿está libre?, no?, bien, estoy fatal, mire usted, me encuentro mareada, por aquí (señalándose el cogote) y por aquí (señalándose la frente), ¿me podría tomar la tensión para este mareo que me va a matar? es que estoy fatal y me conozco el cuerpo muy bien"- a estas alturas, yacía ella sobre el asiento, como la maja vestida y yo, había dejado los papeles caer sobre el escritorio, con la guardia baja, y dos pestañeos por minuto: me había echado el lazo!!
La pregunta empática fué mi segundo error (el primero fué estar ahí en ese momento): "cuénteme, en qué puedo ayudarle", lo sé, lo sé, ya he pedido vez para el psiquiatra, pero me vino ese impulso, es como cuando le dices a un niño, no toques esa tabla, e irremediablemente, ellos alargan la manita para asirla, por instinto.
"Es que tengo una "disgregación de líquidos" que hacen que me suba el potasio en el cuerpo; yo lo se, porque me conozco bien el cuerpo, y cuando me entran los nervios, por mis problemas, que el médico me conoce bien, desde hace veinte años, se me disgregan, con el potasio que se dispara y me sube la tensión , que me sube hasta 17 con varios puntos, no se crea; me noto caliente y sudorosa, pero sin fiebre (36 puntos en el termómetro).Fuí a la farmacia y a urgencias, que me hicieron análisis, y no me encontraron nada, pero yo me conozco el cuerpo y se que se me ponen esos nervios dentro, que me disgregan los líquidos, igual si me "habrían " hecho una radiografía o algo, por mis problemas, que los tengo y muchos, ayy! Me da la sed y bebo agua, pero me dan ardores, se me pone ahí (señalando la medalla) una flema, que me ahoga y me da asco y me revuelve el estómago, por la disgregación. Me dió la chica que estaba por mi médico (nótese la posesión y la denostación a la sustituta del médico) una pastillita azulita chiquinina para los nervios, pero ya sabía yo que no me iba a ir bien, así que me las he dejado todas (todas las pastillas que tomaba, que no eran pocas), con el agua no puedo, por la flema, le echaba antes limón o naranja, pero ya no...."
Y aquí llega mi tercer error, yo creo que a estas alturas, era yo presa de un flash esquizoide, fruto del entrampamiento conversacional de la ínclita: "¿por qué no puede echar unas gotas de zumo a el agua?"
"Es que, tengo una amiga (mentira, es científicamente imposible que un ser así conserve alguna amiga , a no ser que sea peor que ella), que sabe de estas cosas de médicos (click!) y me dijo que el zumo de las naranjas es malo (vaya por Dios) y que el de limón es peor todavía (ahí le has dao!) ¿usted qué opina de poner un poco en el agua?"
Y ahí, ya estaba yo como una olla a presión pitando en el rojo : "Pues mire, yo le iba a dar cita con su médico (animalico) para mañana; pero veo que usted, prefiere los sabios consejos de su amiga, porque, por supuesto, es mejor hacer caso a una amiga que es "aficionada a los médicos" (habemus muchas) que a un tipo cruel, que ha dedicado cinco años de su vida a ir a una universidad, al menos dos a hacer unas prácticas, y unos treinta a ejercer desde una consulta, dónde va a parar!; así que, si le parece (nótese la empatía), pida vez para su amiga (nótese la ironía) a ver qué opina ella "
Esa fué la última frase que intercambiamos, la espita cayó, justo cuando veía como se perdía el vuelo de su falda por la rendija del ascensor.
Y esta el la historia de Mari Chaperones, cruel y descarnada, como la vida misma. Aprendí lo que es una disgregación de líquidos, fiummm, fiummm, un escape de potasio, ploc, ploc y un trasvase de unos nervios paciente-enfermera con explosión acompañada (sorry) y fuga de esta última (por la gloria de Hipócrates).