EsParaTraposdePapel

Historias basadas en hechos reales... e irreales.
Cualquier parecido con la realidad, es fruto de la ficción, de la fricción o de la mente mental.
Aquí , a veces, se rompe la netiqueta sobre la ironía, este blog no derrocha ironía... supura ironía.
El resto de reglas de netiqueta, valen.....de momento.
Y si no te gusta, no te nervies, que es para trapos de papel.

4 de octubre de 2012

de mamas an de .... yayas!!


  Hace pocos días, una compañera-pero-sin-embargo-amiga que presta sus cuidados en ese mundo tan fascinante que es el de la pediatría en atención primaria, me contaba que una mamá…
¡ Alto! un segundo, que me voy a poner glosaria:
  Las mamás somos las mujeres más grandes, que escoltamos a los pequeños en la consulta, que solemos sorprender con preguntas inverosímiles y tenemos una facilidad extrema para dejar flipando a la enfermera de pediatría, a la par que aguantamos entre las manos (habitualmente dos) los mil ropajes del niño, el bolso, el juguetito, la tarjeta sanitaria y el documento de salud infantil, las toallitas y el kleenex, y ponemos cara de
que entendemos todo lo que el sanitario se afana en explicarnos.
  Nuestra cabeza tiene una capacidad de giro brutal, de más de 180 grados, capacidad  que se incrementa cuanto más activo es nuestro retoño. Utilizamos una jerga propia, que abusa de coletas como: “cariño, no….” “cielito, deja….” “ Fulanito, eso no….” Y solemos acordarnos en estos momentos, intensamente del donante de la otra mitad genética….
  Cuando parimos, nos cesarean, o nos dan el bebé, nos brota la “mano termométrica”, que esa ya es para toda la vida (aunque nos afanamos por comprar el termómetro de última generación, que toma la temperatura del niño en 10 microsegundos, se la coge en la uña del primer dedo del pie izquierdo y tiene forma de florecita violeta).
  Y también nos surge, vete tú a saber por qué mecanismo o biofeedback, la saliva-higiénica-curativa, que lo mismo te limpia un resto de chocolate de una barbilla, que te endereza un remolino en el cabello, que te cicatriza espontáneamente una rodilla (aunque después en casa, saquemos todo el arsenal, y le pongamos a la rozadurita: suerito de los mocos que sobraba, betadine, mercromina, cristalmina, agua oxigenada para rematar y la tirita del Mickey Mouse, ¡ozú!).
  Las madres semos asín: nuestros nenes son los más bonitos del universo, los más salados, los más buenos y los más inteligentes. No son tan malos como algunas envidiosas se afanan en decir,… no son malos, son nerviosos o un poco hiperactivos.
  Comen fatal, poquísimo, es un martirio darles de comer… a los dos días, se comen a Dios por los pies, toda comida para ellos es poca… Las mamás nos movemos mucho en esas extrañas dicotomías del blanco al negro: nos gusta, es porque tenemos una ingente capacidad de abarcamiento. Podemos con todo… y un poquito más.

  Las abuelas se diferencian de las mamás porque parecen más sabias, de sabiduría popular, hacen menos preguntas que las mamás, pero más afirmaciones. No tienen vergüenza en decir que algo no les gusta, ni moderación: la vergüenza se les desaparece cuando a las madres nos sale esa mano termométrica. Son más rotundas, escuchan menos y parece que sus manos abarcan más (cuando no está la madre) o necesitan menos complementos (¡quién sabe!)
  Las abuelas arreglan los problemas de sus nietos -con los que crean un vínculo de camaradería fantástico e indestructible- con comida y abrigo. Cuántas veces oímos cómo dice la abuela: “dale de comer esto o aquello (una sopita o una rosquilla, algo casero, vamos) y así se le quitarán todos los males”, o “abriga a ese hijo, que va muy destapao”, en agosto!!. A las abuelas les mola eso de echar las rebequitas por los hombros, tapar las barriguitas, poner los calcetinitos, independientemente de la temperatura externa. Les rechina que la enfermera les diga: “el niño debe llevar las mismas capas que lleva su madre”. Preguntan: “¿el sujetador y la faja cuentan como una capa o como dos?”. Son las proveedoras oficiales de camisetitas y bodys de algodón del bueno ,bueno y del perlé de toda la vida.
imagen extraida de http://yanethpoints.blogspot.com.es


  Yo me declaro, desde estos esparadrapos, admiradora ferviente de las abuelas, me encantan y fascinan, sobretodo por lo que he apuntado antes, por esa relación tan tierna, tan cómplice, especial e incondicional que se establece con sus nietos. La abuela, que otrora fué madre recta, ahora es una gamberra, a la que no le duele en prendas, el ponerse a comer a hurtadillas gominolas con el nieto, justo antes de las acelgas que hace mamá. Esas abuelas que solventan con una sopita sabrosa cualquier astenia infantil y con un arrocito con leche, que nace de la cazuela abollada en 5 minutitos, mientras le está cantando el “que llueva, que llueva” o “los cinco lobitos” al nieto de catorce años, que ha ido a por la propinilla.

  Al final, creo que vamos a dejar para otro momento, lo que me contaba mi compañera-pero-sin-embargo-amiga que presta sus cuidados en ese mundo fascinante que es el de la pediatría en atención primaria.
Por cierto, que tengo otra compañera-pero-sin-embargo-amiga, que ahora está “mentalizando su carrera profesional”, a la que quiero mandar un recadito desde lo más “projundo”de mi ser : Elisita, darling, que te añoro, ¿vamos pensando en algo para poder bailar tú y yo, yo y tú, así bonito, como sólo nosotras sabemos? Nota para el lector: le propongo a Elisa preparar otra comunicación oral, la intento seducir
(enfermerísticamente hablando, ¡válgame!)

21 de septiembre de 2012

Un homenaje para Poldo, con dos "ojones"!

  Érase que se era, hace muchos, muchos años,unos veinte o treinta, en un bucólico pueblecito, cerca de la perla de la Rioja: San Millán de la Cogolla, cuna del castellano.
Pues ahí al ladito, hay otro precioso rinconcillo, llamado Berceo (hogar de Gonzalo, sí, pero hace ya tiempo)...
  En Berceo, dejaba pasar los días, el amigo Leopoldo, Poldo para los amigos, que se dedicaba a hidratar las gargantas de los vecinos del lugar. Poldo era el señor que está detrás de la barra del bar. No le llamo camarero, porque no lo era, en estos sitios recónditos, el "señor de detrás de la barra" tiene la misma importancia que "el señor de detrás del altar": el cura, o "el señor de la botica", o "el de la caja", o "el secretario del ayuntamiento" (el alcalde es que solía estar afanándose en el campo, y dejaba los asuntos del ayuntamiento para el secretario, que era más leído y resoluto, que termina en "uto"). Constituyen, junto con el médico y el practicante, las "fuerzas vivas del pueblo", son venerados, respetados y muy queridos.
 Poldo daba de beber, daba de comer (cuando su señora se liaba a hacer rosquillas, o torrijas, o flanes), tenía una parcela de tienda, donde vendía leche, harina, sal, chucherías, todo ello sin fecha de caducidad, por supuesto, pero que salvaba la vida a las amas de casa, porque en Berceo no se estilaban los ultramarinos, ni las tiendas de comestibles, ni nada parecido.
  Y también Poldo, daba de leer. Poldo era el kiosko de Berceo. Le traían los periódicos, cada mañana, y el buen hombre, les calzaba esos grandes listones de madera, para que no se desmadejasen después con las manos poco avezadas. Poldo estaba suscrito al diario local "la Rioja", al "Mundo" y al "Marca", y todo eso, era para todo el pueblo (en invierno cuatro, porque el de la guitarra se acercaba por allá en verano y era tildado de rojo).
  Este buen hombre, veía regular de cerca, normal, a sus setenta abriles, así que usaba unas gafas para leer, que se había mercado en una óptica de Logroño. Por aquél entonces, las gafas no se compraban en las farmacias, en las farmacias se compraban fármacos, que para eso tienen ese nombre.
  Las gafas solían andar rodando por la barra, al lado de la cafetera, en alguna mesa,...en fin, lo que pasa siempre con las gafas de leer, igual que con los mandos de la tele....
  Como los convecinos, eran de la misma edad, todos eran "présbices", y a todos les gustaba darle una vuelta al periódico, así que con el préstamo del diario, venía implícito el préstamo de las gafas.
  En Berceo el Señor "Aflelú" no hubiera sobrevivido con su "chin chin", lo hubieran tildado de hortera, de raro y de exagerado, ¿para qué va a tener uno dos gafas, si todo el pueblo disponía de una?
 Así que era muy habitual la estampa siguiente: Mariano entra en la tasca, -Buenos días!, se sienta en un taburete frente a la barra, -Ponme un carajillo, Poldo, anda!, coge "la Rioja",- ¿dónde has echado las gafas?.... -Las tiene la María, que tiene que cojerle los bajos al marido. (entienda el lector, que los bajos son los bajos de los pantalones, so cochinos!!, los bajos se cojen, para después coserlos, hoy en día a eso le llamamos "presentar" la pieza) Aquí ya Mariano suelta un juramento, tipo "mecagüendioro baco", o "jodo petaca", y espeta la típica negativa riojana "por los cojones", que introducida en su contexto sería: "¡pues por los cojones voy a leer yo bién!", trago del tirón al carajillo, media vuelta refunfuñando y a la hera a trabajar.
 Creo que se entiende la importancia suprema de las gafas de Poldo , no solo para la educación de los aldeanos, sino también para su look, el devenir de sus cosechas etc.
Ya, de los anteojos de este buen hombre (cuyo nombre me he inventado, que conste), nacieron los suplementos como concepto, y si se fijan en la época actual, no hay revista o periódico que quiera sobrevivir, que no "suplemente" algo, cualquier cosita, desde unas palas de playa, un collar rosa chillón, un pareo imponible, unas gafas de sol que hacen daño en las orejas, y hasta un tablet.
Y todo gracias a Berceo, a esos ojos negros de Poldo y su generosidad sin parangón, porque Poldo también, queridos míos, fué el precursor del "compartir" tan básico hoy en día en el devenir virtual, el dospuntocerismo y la e-cultura.